Nos volvimos
a ver después de muchos años. Ella seguía tan hermosa como siempre, al
verla volvió en mí ese deseo que nunca pude concretar. En aquel entonces ella
estaba de novia y yo sostenía una relación seria, ahora era diferente al menos
para ella, estaba sola y con el corazón roto. Vulnerable.
Comencé a
enamorarla, el que pasemos ocho horas juntos en el trabajo ayudó mucho. Siempre
reía y solo atinaba a decir "tú nunca me dijiste nada". Y era cierto,
yo jamás le dije que sus curvas me traían loco, muchas personas no lo creen
pero soy muy tímido y en ese tiempo más aún. Pero no era de piedra, claro que
moría por ella, tan sexy, tan mujer y yo un compañero que no llamaba la
atención.
¿Por qué no
conversamos después del trabajo? -le propuse-, aceptó y fuimos a caminar por
las tranquilas calles de Miraflores. Nos detuvimos en un lugar poco iluminado y
discreto, perfecto para mis intenciones. La miré fijamente a los ojos y terminé
posando mis ojos en esos labios carnosos. Probemos, le dije; si todo sale bien
pues llegaríamos a una relación. Su respuesta fue negativa. "Tú tienes
novia" me refutó. Mientras me decía una serie de objeciones la bese -aún
recuerdo sus labios gruesos y suaves-.
Todo transcurrió bien por un tiempo. Estaba feliz, tenía a una mujer sexy y voluptuosa en el trabajo y una hermosa novia que me amaba con ternura y dedicación. Los momentos a veces eran tensos, pónganse en su lugar, era la otra, estábamos consciente de eso. Note que esta situación no la hacía sentir bien, pero siempre la convencía para no acabar, yo la deseaba tanto, estaba embelesado con ella, era toda una mujer que robaba miradas.
En algún
momento dude del amor hacia mi novia. Lo que empezó como una aventura de pasión
y deseo se transformaba en cariño y ternura de ambas partes. Lo pensé mucho y
decidí dejar claro que (ella) no debía enamorarse de mí. Es demasiado tarde, me
dijo. Escoge entre ella (mi novia) o yo, exclamó. Lo dude, debo confesarlo;
estaba entre la espada y la pared, dejar a esta mujer que me vuelve loco
carnalmente, que me hace gozar, la mujer que siempre quise tener o dejar al
amor de mi vida, esa niña tierna que hice mujer, la misma que estaba dispuesta
a dar todo por mí. Envuelta en un mar de lágrimas me pidió que la dejara y yo -
un patán de esos que abundan- le dije: "yo quiero estar con las dos, las
quiero a las dos, termínalo tú porque yo no pienso hacerlo". Me abrazo,
nos besamos y no hablamos más del tema.
Al día
siguiente, entre mis pertenencias encontré una nota que decía: "Discúlpame
por lo de ayer, entiendo tu situación. No pensé que esto iba a suceder. ¡Te
Quiero mucho mi Amor!". ¿Qué mierda estoy haciendo? Me recriminé. Ella
acababa de pasar por una mala relación -de infidelidad--y yo no podía ofrecerle
nada mejor. Tenía dos mujeres enromadas de mí y no quería dejar a ninguna.
¡Diablos!
Una noche en
que hacíamos el amor me confesó que en su centro de estudio conoció a un tipo y
este se le declaró. La habitación se sumió en un silencio incómodo. Me
costó mucho pero tome la decisión más razonable. Ella era libre para estar con
quien quiera y si en el camino encontraba al amor de su vida yo me alejaría. No
podía ser egoísta, tenía todo el derecho a buscar en otro hombre lo que yo le negaba.
Qué les puedo decir, ahora es feliz y tiene una familia estable.