miércoles, 4 de julio de 2007

Decisiones


Nos volvimos a ver después de muchos años. Ella seguía tan  hermosa como siempre, al verla volvió en mí ese deseo que nunca pude concretar. En aquel entonces ella estaba de novia y yo sostenía una relación seria, ahora era diferente al menos para ella, estaba sola y con el corazón roto. Vulnerable. 

Comencé a enamorarla, el que pasemos ocho horas juntos en el trabajo ayudó mucho. Siempre reía y solo atinaba a decir "tú nunca me dijiste nada". Y era cierto, yo jamás le dije que sus curvas me traían loco, muchas personas no lo creen pero soy muy tímido y en ese tiempo más aún. Pero no era de piedra, claro que moría por ella, tan sexy, tan mujer y yo un compañero que no llamaba la atención. 

¿Por qué no conversamos después del trabajo? -le propuse-, aceptó y fuimos a caminar por las tranquilas calles de Miraflores. Nos detuvimos en un lugar poco iluminado y discreto, perfecto para mis intenciones. La miré fijamente a los ojos y terminé posando mis ojos en esos labios carnosos. Probemos, le dije; si todo sale bien pues llegaríamos a una relación. Su respuesta fue negativa. "Tú tienes novia" me refutó. Mientras me decía una serie de objeciones la bese -aún recuerdo sus labios gruesos y suaves-. 

Todo transcurrió bien por un tiempo. Estaba feliz, tenía a una mujer sexy y voluptuosa en el trabajo y una hermosa novia que me amaba con ternura y dedicación. Los momentos a veces eran tensos, pónganse en su lugar, era la otra, estábamos consciente de eso. Note que esta situación no la hacía sentir bien, pero siempre la convencía para no acabar, yo la deseaba tanto, estaba embelesado con ella, era toda una mujer que robaba miradas.

En algún momento dude del amor hacia mi novia. Lo que empezó como una aventura de pasión y deseo se transformaba en cariño y ternura de ambas partes. Lo pensé mucho y decidí dejar claro que (ella) no debía enamorarse de mí. Es demasiado tarde, me dijo. Escoge entre ella (mi novia) o yo, exclamó. Lo dude, debo confesarlo; estaba entre la espada y la pared, dejar a esta mujer que me vuelve loco carnalmente, que me hace gozar, la mujer que siempre quise tener o dejar al amor de mi vida, esa niña tierna que hice mujer, la misma que estaba dispuesta a dar todo por mí. Envuelta en un mar de lágrimas me pidió que la dejara y yo - un patán de esos que abundan- le dije: "yo quiero estar con las dos, las quiero a las dos, termínalo tú porque yo no pienso hacerlo". Me abrazo, nos besamos y no hablamos más del tema.

Al día siguiente, entre mis pertenencias encontré una nota que decía: "Discúlpame por lo de ayer, entiendo tu situación. No pensé que esto iba a suceder. ¡Te Quiero mucho mi Amor!". ¿Qué mierda estoy haciendo? Me recriminé. Ella acababa de pasar por una mala relación -de infidelidad--y yo no podía ofrecerle nada mejor. Tenía dos mujeres enromadas de mí y no quería dejar a ninguna. ¡Diablos! 

Una noche en que hacíamos el amor me confesó que en su centro de estudio conoció a un tipo y este se le declaró. La habitación se  sumió en un silencio incómodo. Me costó mucho pero tome la decisión más razonable. Ella era libre para estar con quien quiera y si en el camino encontraba al amor de su vida yo me alejaría. No podía ser egoísta, tenía todo el derecho a buscar en otro hombre lo que yo le negaba. Qué les puedo decir, ahora es feliz y tiene una familia estable. 

¡Qué chica!


Hermosa, con labios de color cereza, de rostro angelical que podía causar ternura a cualquiera y sin embargo una sonrisa pícara que demostraba todo lo contrario. Así era Andrea. Agradable, atenta con todos. Yo, un antisocial, pedante, muy cortante con ella.  En ese entonces yo estaba muy enamorado, alejado de cualquier tentación, al menos lo intenté.

Mi compañero -y mejor amigo- estaba muy interesado en ella. Cual cupido decidí unirlos, así que la integre al grupo. Así comenzamos a salir los tres, un día mi amigo no llegó y quedamos solos los dos. Caminamos la misma ruta que hacíamos todos los días. Por qué no conocernos mejor. "Pueblo chico, infierno grande" reza el dicho. Éste servidor ya había averiguado algunas perlitas de Andrea. Seguidamente comencé a interrogarla con preguntas indiscretas que ella respondió muy suelta huesos. La sorpresa me la llevé yo, dado que no esperaba que ella también había averiguado cosas mías y quiso desnudarme con sus preguntas. Caballero, yo, no quise dejar mal el nombre de aquellas caídas en batalla, claramente quedé al descubierto que nunca fui fiel, así se me cayó la máscara de enamorado perfecto.

Aquella noche sin más ni más me dijo algo que muchas mujeres deberían tomar como filosofía "yo vivo el momento, el presente y si alguien me gusta, lo tomo. Sin compromiso, dejando el amor de lado solo me divierto”. Pensé en mi amigo y quise ponérselo por entre los ojos, me dijo que no era él, quien le gustaba. Trate de ser fuerte -lo juro-, de no doblegar ante la tentación, no pude, la tome de la cintura y la bese con deseo, quería hacerla mía. Algo me detuvo, el remordimiento, compréndanme estaba enamorado.

Al día siguiente mi comportamiento con ella fue el de siempre, le pregunte a mi amigo si aún seguía interesado en ella, o peor, si estaba enamorado; me miró y con una sonrisa disparó: "eres un pendejo, seguro tuviste que ver con ella", yo lo negué rotundamente. Quedé aliviado, a él no le importaba que tuviéramos un romance.

Conversando un día le cuestioné si se entregaba por completo al amor , a la pasión, se acercó muy despacio a mí y susurrando a mi oído dijo: “lo hago todo y lo hago muy bien”, ¡wow! Vaya que comencé a hervir .Espere la hora de salida, en cuanto todos se fueron la lleve al almacén, la bese y nos dejamos llevar por la lujuria, ella comenzó a descender e hizo que me elevara al cielo -me encantan que las mujeres hagan eso- no les voy a dar más detalles de ese ni de ningún otro día.


Cada noche era lo mismo, todo estaba bien. Sin embrago, había un detalle que me incomodaba era la manera tan exagerada con la que gemía, muchas veces tuve que taparle la boca, se lo comente y no le agrado. Como todo algún día tenía que acabar ,lo gracioso de todo es que cuando se lo conté a mi amigo todos los días me pedía los detalles de cada encuentro, creo que él lo disfrutaba más que yo.

Malas Crónicas : Día 2: Perdóname

Malas Crónicas : Día 2: Perdóname : Martes 11, 20:30 Perdóname                                   ¿Por qué? Por no ser la persona que...