Hermosa, con labios de color cereza, de
rostro angelical que podía causar ternura a cualquiera y sin embargo una
sonrisa pícara que demostraba todo lo contrario. Así era Andrea. Agradable,
atenta con todos. Yo, un antisocial, pedante, muy cortante con ella. En
ese entonces yo estaba muy enamorado, alejado de cualquier tentación, al menos
lo intenté.
Mi compañero -y mejor amigo- estaba muy
interesado en ella. Cual cupido decidí unirlos, así que la integre al grupo.
Así comenzamos a salir los tres, un día mi amigo no llegó y quedamos solos los
dos. Caminamos la misma ruta que hacíamos todos los días. Por qué no conocernos
mejor. "Pueblo chico, infierno grande" reza el dicho. Éste servidor
ya había averiguado algunas perlitas de Andrea. Seguidamente comencé a
interrogarla con preguntas indiscretas que ella respondió muy suelta huesos. La
sorpresa me la llevé yo, dado que no esperaba que ella también había averiguado
cosas mías y quiso desnudarme con sus preguntas. Caballero, yo, no quise dejar
mal el nombre de aquellas caídas en batalla, claramente quedé al descubierto
que nunca fui fiel, así se me cayó la máscara de enamorado perfecto.
Aquella noche sin más ni más me dijo algo que
muchas mujeres deberían tomar como filosofía "yo vivo el momento, el
presente y si alguien me gusta, lo tomo. Sin compromiso, dejando el amor de
lado solo me divierto”. Pensé en mi amigo y quise ponérselo por entre los ojos,
me dijo que no era él, quien le gustaba. Trate de ser fuerte -lo juro-, de no
doblegar ante la tentación, no pude, la tome de la cintura y la bese con deseo,
quería hacerla mía. Algo me detuvo, el remordimiento, compréndanme estaba
enamorado.
Al día siguiente mi comportamiento con ella
fue el de siempre, le pregunte a mi amigo si aún seguía interesado en ella, o
peor, si estaba enamorado; me miró y con una sonrisa disparó: "eres un
pendejo, seguro tuviste que ver con ella", yo lo negué rotundamente. Quedé
aliviado, a él no le importaba que tuviéramos un romance.
Conversando un día le cuestioné si se
entregaba por completo al amor , a la pasión, se acercó muy despacio a mí y
susurrando a mi oído dijo: “lo hago todo y lo hago muy bien”, ¡wow! Vaya que comencé
a hervir .Espere la hora de salida, en cuanto todos se fueron la lleve al almacén,
la bese y nos dejamos llevar por la lujuria, ella comenzó a descender e hizo
que me elevara al cielo -me encantan que las mujeres hagan eso- no les voy a
dar más detalles de ese ni de ningún otro día.
Cada noche era lo mismo, todo estaba bien.
Sin embrago, había un detalle que me incomodaba era la manera tan exagerada con
la que gemía, muchas veces tuve que taparle la boca, se lo comente y no le
agrado. Como todo algún día tenía que acabar ,lo gracioso de todo es que cuando
se lo conté a mi amigo todos los días me pedía los detalles de cada encuentro,
creo que él lo disfrutaba más que yo.
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